Buscando el mejor flash del mundo

Posted on mayo 3, 2008

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Estábamos todos más o menos habituados al HTML rudimentario y sencillo de las primeras fases de la web cuando ocurrió algo inesperado y sorprendente. De súbito, empezaron a aparecer pelotas saltando por todas partes -generalmente rojas: dato a analizar- ruidos estridentes, y textos estrambóticos que hacían cosas rarísimas en nuestras pantallas. Para que negarlo, aquello era horrible. Aunque extremadamente intrigante y sugerente también. En una red que nos había seducido aportando contenidos eminentemente estáticos y altamente funcionales, un recién llegado proponía avenidas y caminos de expresión online alternativos, trayendo consigo un nuevo formato que era compacto, ligero y global.

Prácticamente desde el primer momento, Flash me enamoró por completo. No tanto por lo que se hacía con él en aquellas épocas, sino por el inmenso potencial que se le podía intuir, especialmente como un nuevo lenguaje de expresión. Porque si algo logró Flash en sus primeros momentos fue expresar y emocionar (pelotas rojas y botones insoportables aparte).

No había tiempo que perder. Diseñando ‘roll Overs’ de colores chillones, o jugando con textos y fuentes infumables, empezamos todos a descubrir como se creaban esos efectos tan extraños. Sorprendentemente, era sencillo, extremadamente sencillo, y resultó inevitable que la web se saturase de ruidos raros que molestaban sobremanera, animaciones inútiles y textos imposibles de leer. Pero la revolución estaba en marcha. Y junto con ella, empezó la búsqueda, nació la pregunta: el mejor Flash del mundo, ¿donde estaba? ¿cómo era? Afortunadamente, el peor Flash del mundo apareció pronto: lo localizó Jacob Nielsen, y hasta le dedicó un artículo, el ‘Flash, 99% bad’, que en su día dio la vuelta al mundo, que desastre. Pero el mejor Flash, ¿por donde andaba?. ¿Existía?

Buscándolo, me cautivó la primera presentación del primer website de Widegroup. ‘Digital Motion on the net’, así se autodefinían. Hay que decir que, visto lo visto, se ganaron a pulso el derecho a llamarse de tal forma. Aún hoy, cuando veo esa presentación, me sigue impactando por igual, o casi.

Corrían tiempos en los que para toda una web bastaba un solo archivo. Encima, no se podía poner online un site sin una presentación previa de al menos 2 minutos, y era intolerable colgar un Flash con menos de tres líneas animadas por segundo. Lo más curioso de todo aquello es que esas webs nos parecían estupendas…

Aparecieron poco a poco auténticas obras de arte, tales como ‘Wall of words’, de Luis Escorial, pequeña perla imperfectamente preciosa. No sorprendió a casi nadie que se descolgara luego con un ‘Beauty of Details’ a la altura de un FlashForward, toda una maravilla visual y estética.

Pasé una semana entera preguntándome como lo hacía Yugop para, con el mismo programa que usaba yo, realizar cosas tan absolutamente impresionantes como las de su ‘environment’ 1.0. En parte sigo sin saberlo, aunque he de admitir que el 2.0 me impactó menos. Será que el listón estaba demasiado alto, o que sus labores como artista electrónico experto en Flash -con exposición en el Pompidou de París incluida- le dejaron menos tiempo para perfeccionar su portafolio personal. En cualquier caso, yugop.com ya va por la cuarta versión, presentando una trayectoria excepcional.

Asiduo como era al mítico Top-Ten de Flash-es.net -me niego a admitir que esté cerrado: andan remodelando el site, en breve lo vuelven a abrir y aquí no ha pasado nada- se quedaban pocos trabajos en el tintero, y eran cada vez mas numerosos, cada vez mas espectaculares.

Los grandes ‘gurús’ marcaban el ritmo, dejando entrever de lo que era capaz ese semi-lenguaje de programación llamado Action Script, y palabras tales como ‘dinámico’ o ‘3D’ podían empezar a pronunciarse junto con el nombre de Flash sin que nadie se echara a reír.

He de admitir que el estilo de Flash tecnológico-futurista me sedujo menos. Cuestión de gustos, claro. Pero no por ello me dejaron de impresionar trabajos como los de 2advanced o Josua Davis. Para quitarse el sombrero.

¿Sería el mejor Flash del mundo ‘L’horloge’, animación que se atrevió a dar movimiento y forma a las palabras de Baudelaire? ¿Tal vez venía por vertientes más politizadas o simpáticas, y era ‘The Meatrix’, parodia en Flash con mucho fondo del archiconocido peliculón? Andaba a la par el juego del pingüino volador -llegué a los 650 metros, record regional- que nos tuvo enganchados durante varios días a miles y miles de internautas. Complicada búsqueda la del mejor Flash, sin duda. Más aún cuando el mundo de la animación tradicional empezó a mirar de reojo al universo vectorial, con festivales como el de Annecy en Francia o Animamundi en Brasil acogiendo entre sus muestras obras enteramente realizadas con esta herramienta. Aquello ya era el no va más: flasheros de toda la vida codeándose con Disney o incluso Dreamworks. Impresionante.

Pero en Internet, lo que más se llevaba era la integración y la usabilidad. Al mismo tiempo en que el nivel de excelencia visual alcanzado por estos nuevos artistas de la red aumentaba de manera vertiginosa, Flash se iba integrando también, y cada vez mejor, con phps, asps, coldfusions y casi todo lo que se le ponía por delante. El proceso siguió su curso natural, llegando al punto culminante el día en que Jacob Nielsen se rendía a la evidencia -o a Macromedia, dirán las malas lenguas- y aceptaba que, efectivamente, la belleza podía ser, también, funcional.

Y así andamos. Mejorando. Ahora ya sabemos que no hay que animar por animar; que si algo se mueve, debe estar justificado; que los sonidos, con cuidado. Sabemos, incluso, que no siempre tenemos que usar Flash. Integramos video como hacemos un café, tenemos todo el potencial de un Action Script 2.0 que se codea con lenguajes de programación reconocidos y maduros, y seguimos buscando. Bien aportar funcionalidad y servicio, bien emocionar y comunicar. A veces, las menos, la mejores, las dos cosas en una misma web. Probablemente el futuro avance en esa dirección: la unión del sentimiento y la tecnología. Desde luego, si alguien puede aportar algo en ambos terrenos y facilitar el nexo de unión, ese es Flash.

Por otra parte, el mejor Flash del mundo sigue sin aparecer. Será que es una especie de Itaca, que, como decía Kavafis, cuanto más tarde llegue, mejor. Será que no existe. Será que existen muchos y distintos. En cualquier caso, buscándolo hemos encontrado algo que, no por dicho y redicho, deja de ser fundamental: la mejor web es aquella que no olvidamos. Aquella a la cual volvemos, tanto física como emocionalmente, recordándola repetidas veces. Aquella que aporta un factor diferencial lo suficientemente potente como para ganarse el derecho a permanecer largo tiempo en nuestra memoria.

Hace unos días, comentando con un amigo arquitecto una abominable serie de edificios que andan construyéndose a las afueras de Madrid, una frase se escapó de la conversación para quedarse deambulando por mi mente. Éstas casas -dijo Antonio- son horribles, no me gustan nada. Fíjate en esos bloques, dime: ¿Que mas da? ¿Que mas da vivir aquí que allí, en el uno o en el otro?

No sé como será el mejor Flash del mundo, pero intuyo como será el peor: Dará igual que sea éste, o el de al lado. Simplemente, dará absolutamente igual.

/PUBLICADO EN LA REVISTA “INTERACTIVADIGITAL”, 2005

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