Destinos, luces y Dianas

Posted on junio 17, 2008

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destinoslucesdianas

Llegando a Berlín, a través de la ventana del avión, se dibujan ante mi infinidad de lucecitas moviéndose a lo largo de una línea casi recta, difusa e incontenible. Cada una de ellas corresponde a un instante en la vida de una o varias personas: un instante irrepetible, cotidiano, aburrido, trágico, definitivo… Miles de coches regresando a casa, o camino de un bar, o huyendo de algo, o yendo a encontrarse con alguien.

Cada luz es una historia, y viéndolas deambular por debajo de mi avión, siento el deseo de conocerlas todas.

Imagino que la sensación de atracción que me producen es similar al tipo de sentimiento que toda marca desearía generar en sus targets. Entonces tropiezo con la palabra “target”, que me horroriza desde hace tiempo. Target = Diana. Atención: Diana, no el nombre de mujer, sino la cosa esa que se usa para apuntar en el centro y luego tirarle encima cualquier artilugio puntiagudo que pueda dejarle una marca mesurable. El planteamiento es horroroso, aunque encaja bien en un escenario en el cual la marca no es más que un ente abstracto con una serie de intereses económicos, y basta.

Pero si estoy en este sector y le dedico una cantidad más que considerable de horas y energías a mi trabajo no es tan solo porque lo haga rodeado de personas estupendas, o porque me divierta enormemente hacerlo. Lo hago porque siento que las marcas son algo más que una cuenta de resultados a finales de año. En esencia, ellas también están formadas por personas, y por todo lo que hay detrás de esas personas, más o menos admirable. Una marca son dos chavales jóvenes en un garaje, de madrugada, intentando sacar adelante un proyecto que les apasiona; son unos amigos que arriesgan sus ahorros porque creen en un proyecto; también son miles de trabajadores que dependen de unos resultados globales que afectan, mes a mes, a sus nóminas. Precisamente, me gusta la publicidad porque pienso que cada marca es, en sí misma, una historia; en muchos casos, una historia digna de ser conocida y narrada.

Bonito punto de partida para un eventual briefing de futuro: hablar sinceramente de las historias que hay detrás de una marca. Sincerarse como anunciante. Sin duda, facilitaría que los consumidores fueran sinceros con las marcas también…

Salimos del aeropuerto y tomamos un taxi. Nos integramos en la interminable hilera de luces, camino del hotel. Formando parte de ella, ya en mi nueva condición de lucecita indeterminada perdida por las afueras de Berlín y visible desde lo alto de un avión, reafirmo mi pensamiento inicial: las luces no son dianas, ni tampoco targets.

Más bien destinos apasionantes. Historias por descubrir.

/PUBLICADO EN “BRAND LIFE”, MAYO 2008

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