La felicidad y Woody Allen

Posted on julio 12, 2008

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delitosyfaltas

“Delitos y faltas” (“Crimes and Misdemeanors”, Woody Allen, 1989) llega a su fin. El profesor Levy se ha despedido de su existencia escribiendo en una nota “He salido por la ventana”; Woody Allen, divorciado y solo, se topa con la mujer a la que ama y la encuentra enamorada del hombre que más odia en el mundo; un oftalmólogo célebre y multimillonario se ha salido con la suya asesinando a su ex-amante y manteniendo intactas reputación, familia y fortuna. El guión ha quedado satisfactoriamente cerrado. Aparecen las últimas imágenes del film, en forma de documental. El rostro dulce de Levy pronuncia lo siguiente:

“Human happiness does not seem to have been included in the design of creation. lt is only we, with our capacity to love, that give meaning to the indifferent universe. And yet, most human beings seem to have the ability to keep trying, and even to find joy from simple things like their family, their work… and from the hope that future generations might understand more.”

He visto esta película repetidas veces. Woody Allen tiene la virtud de hacer películas de las que yo llamo “multicapa”: cada visionado te revela nuevos detalles, enriquece tu percepción de la obra, y aprendes algo nuevo con ella.

Pero ésta vez, la frase final me ha impactado especialmente. Se ha quedado dando piruetas existenciales por mi cerebro durante la noche de fiesta del viernes, y la mañana de resaca (leve) del sábado. Luego Serrat, con su infinita capacidad para hacer simple lo complejo, ha hecho el resto. Me he lanzado a escribir este post.

Sin ánimo de exagerar, creo que se puede considerar ese cierre de película como un auténtico memorándum para la búsqueda del sentido último de la existencia humana (como poco). Me entran ganas de imprimirlo en un Din-A-1 y colgarlo en el pasillo, la cocina y la pared creativa de la agencia dónde vamos poniendo todo lo que nos viene en gana (radiografías de muñecas incluídas)

La felicidad no está esperándonos en momentos grandilocuentes, o grandes gestas, o respuestas absolutas y contundentes. Más bien, se esconde en el día a día, en los pequeños detalles, en un terrón de azúcar, en unas horas de descanso, en la serenidad de una tarde cualquiera, o en un primer beso inesperado y confuso. También, está en la certeza de que esto es una carrera de fondo y por equipos, en el convencimiento de que tú sólo eres una parte del todo, en la intuición de que lo más valioso que tenemos es ese gigantesco “keep on trying” que nos recuerda que nunca se cerrará completamente el círculo, porque siempre habrá algo por aprender, una ciudad por visitar o una sonrisa por descubrir.

Por si fuera poco, nos queda lo que podríamos llamar como el “teorema cero del positivismo existencial”, postulando que es probable que las futuras generaciones lo hagan un poco mejor, y comprendan un poco más el significado de esta insignificante pero preciosa aventura vital que nos ha tocado compartir.

Quizás incluso escriban también posts en blogs futuristas, hablando del hombre del siglo 21, de las dudas que tenía, de lo perdido que andaba… y del mérito que tenía, con tantas limitaciones, ser capaz de mantener el ánimo y seguir adelante con optimismo y esperanza, madrugando, limpiando el baño, comprando café, planchando camisas o haciendo banners.

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