The good old days

Posted on enero 29, 2010

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Sentado en una silla que debe de tener, como mínimo, la misma edad que yo. Mirando a través de un ventanal casi-modernista. Viendo palmeras, mesas, tortugas y un patio romántico. La voz de Cohen susurra un nombre, que gracias a Spotify, un iPhone, un modem 3G y unos cascos de Apple llega precioso y claro a mis oídos.

Viajo en el tiempo.

Hace 15 años se repetía el mismo nombre, la misma canción, sólo que en otro lugar: en un salón de Mirasierra, estudiando ecuaciones, soñando con ser arquitectos o físicos o escritores o poetas. No existía, entonces, la mitad de las cosas que me rodean hoy mientras escribo estas líneas. Simplemente, no eran. No estaban. Nada. Cero. Oscuro.

Y en mitad de tanto silencio, el mismo nombre, la misma voz… y sentimientos muy parecidos (ahora) a los de entonces: Las mismas ganas de avanzar. De hacer cosas. De aprovechar el tiempo.

Hay cosas que nunca cambian. Una de ellas es Suzanne.

¡Qué bien!

PD: Dedicado a mi amigo Antonio: Arquitecto-inventor, amante de Cohen y compañero de insomnios y fértiles ansiedades creativas. Y a todas las cosas que existirán dentro de 15 años… y que no existen hoy, aún.

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